El rival más fuerte

Cuando empecé a practicar Kobudo y Kempo, lo hice por puro placer, anteriormente ya había hecho algo de Karate, Kung-Fu y Tai-Chi Chuan, el cual sigo practicando, ya que siempre me han gustado las artes marciales, pero nunca había tenido la posibilidad de profundizar y dedicarles años para practicar, además el Kobudo me daba la posibilidad de poder aprender a manejar armas tradicionales japonesas que, como actor, me interesaba para aprender a luchar y aplicarlo al cine, al teatro o la televisión además las técnicas con armas  tradicionales japonesas siempre han tenido para mí un aliciente muy especial y poder aplicarlo a mi trabajo como actor era un plus a ese aliciente.

Nunca pensé en competir, solo quería aprender no compararme con otros e intentar ser mejor que ellos, pero entendí que la competición era una buena manera de ponerme a prueba a mi mismo, no para ser mejor que otros sino para aprender de ellos y poder mejorar. Empecé a ganar, en cada competición quedaba casi siempre entre los 3 primeros esto hizo que poco a poco fuera exigiéndome más para mejorar y mantener el nivel, pero sin darme cuenta fue formándose un rival que se hacía cada vez más fuerte. Para mi ganar o ser mejor que los demás se fue convirtiendo en algo a lograr, una meta, y me olvide de lo más importante, divertirme para poder mostrar mí arte.

En ese punto mi rival más fuerte me había dominado, pero me di cuenta de ello y poco a poco, fui luchando para conseguir volver a divertirme y disfrutar ya no solo de lo que hago sino también de lo que hacen los demás y poder aprender  de ellos.

A veces podemos vencerle y salir reforzadas otras nos vence y podemos aprender de la derrota, pero lo más importante es estar siempre alerta y seguir luchando, avanzando hasta que algún día podemos vencer a nuestro rival más fuerte.

Nuestro rival más fuerte somos nosotros mismos, mejor dicho, nuestros miedos, nuestras dudas o nuestras auto-exigencias cuando no nos permiten disfrutar de lo que hacemos.

Y ha sido gracias a las artes marciales que he podido darme cuenta de que esto nos pasa en todas las facetas de nuestra vida y gracias a las artes marciales también he aprendido que, con voluntad, esfuerzo, constancia, humildad y mucha perseverancia, se puede llegar a vencer a nuestro rival más fuerte y disfrutar de todo lo que hacemos no para ser mejores que los demás si no para ofrecer lo mejor de nosotros mismos.

Pau Blanch Mestre

 

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