KEMPO KEMBUDO

Hablar de kempo es hablar de Okinawa, del kung fu chino desarrollado por los okinawenses dándole una personalidad propia.

Efectivamente, kempo es un término japonés, con el que los okinawenses se referían a los estilos chinos de lucha; de hecho, es traducción de la palabra china chuan fa (método de boxeo – kempo y chuan fa son distintas pronunciaciones, china y japonesa, de los mismos kanji o ideogramas). Con él se expresa un concepto, tiene una traducción conceptual (boxeo, en el sentido de lucha con brazos y piernas), que supera su simple literalidad (método del puño).

No es posible determinar con precisión la formación y evolución del kempo en Okinawa, dada la práctica inexistencia de documentos escritos sobre este particular. Ello no obstante, los distintos estudios suelen referir la existencia en la isla de un sistema de lucha (Tode – Mano de Tang o Mano China-), que confluye con las formas de lucha importadas de China, dando lugar al Okinawa te. Del mismo modo, no existía una única interpretación del arte, habiéndose observado variaciones en distintas zonas de la isla (Naha te, Shuri te y Tomari te). Esta variopinta interpretación, que aquí es incipiente, será una constante en la evolución posterior de las artes marciales.

Este proceso de caracterización del kempo, no obstante las lagunas antes indicadas, debe completarse reseñando que el mismo no se vio afectado por las transformaciones que vendrían posteriormente en su proceso de expansión por el resto del Japón en el marco de una estandarización del arte, en el que se hace prevalecer el aspecto filosófico sobre su consideración como arte de lucha (“El verdadero karate-do concede más importancia a lo espiritual que a lo físico”, afirma Funakoshi en suKarate-do Kyohan. El texto maestro. Ed. 2010).

Es curioso que todas las disciplinas inspiradas en el kempo utilicen un calificativo para su denominación más allá de su nomen matriz. Esto tiene su explicación, pues el kempo, como ya se ha esbozado, más que un estilo, es una fuente de inspiración, susceptible de múltiples interpretaciones, lo que hace que el kempo sea un arte esencialmente vivo.

En este contexto y bajo la perspectiva de lo que hemos venido a denominar kempo kembudo se trata de enfatizar el carácter predominantemente utilitario de las artes marciales definiendo, reivindicando, claramente su concepto, a través de una aspiración básica y singular: el desarrollo integral del artista marcial, el desarrollo de toda la potencialidad marcial del sujeto, más allá del aprendizaje de un número determinado y cerrado de técnicas, priorizando la sensación en la lucha, huyendo, como decimos, de todo sistema cerrado que amenace la amplitud conceptual del sujeto, necesaria para asimilar todo cuanto es útil a la misma.

Por eso, el kempo kembudo es lucha integral, es movimiento y es efectividad. Es lucha integral porque contempla todas las distancias, de pie, en el suelo, con golpeos, proyecciones, luxaciones… todo lo que sirve a la lucha. En este sentido, es un error muy extendido afirmar que el kempo es un arte marcial ecléctico, dando con ello a entender que incorpora técnicas de otras disciplinas (aceptando que pueda afirmarse que una técnica es privativa de una concreta disciplina), cuando es precisamente lo contrario, en que la limitación de las habilidades y con ello la definición de un estilo por la exclusiva utilización de una de ellas o un grupo de ellas, es un fenómeno reciente.

Es movimiento, fluidez de movimientos, porque sin movimiento no es posible la adaptación a las circunstancias cambiantes de la lucha, hasta el punto de que las propias posiciones más que tales son realmente estancias.

Y es efectividad, que define su propio objeto y aspiración. Efectividad a la que no puede aspirarse sin la práctica del bunkai. El bunkai, merece destacarse, ocupa un papel fundamental, siendo su parte nuclear, desvinculado del kata, que en nuestro kempo tiene un significado distinto del acostumbrado. En el kempo kembudo las katas no se entienden sólo como la constante repetición rutinaria de una forma preestablecida, sino como un ejercicio de creación constante: las katas se crean, implicando absolutamente la sensación ante infinidad de situaciones, lo que contribuye al desarrollo de esa potencialidad marcial.

La unión del espíritu, la técnica y la fuerza son el lema y los pilares del trabajo diario en el entrenamiento fucional del kempoka.


José Manuel Infante Pedraza
Francisco Javier Marcos Muñoz
Aranjuez, enero de 2015